Hubiera podido ser
tan hermosa como El Niño
con menos pecas, y asas,
y reflejos de platino,
con dos cintas rojiblancas
anudadas con cariño;
tan querida cual se quiere,
que el Madrid pierda un domingo.
tan hermosa como El Niño
con menos pecas, y asas,
y reflejos de platino,
con dos cintas rojiblancas
anudadas con cariño;
tan querida cual se quiere,
que el Madrid pierda un domingo.
Hubiera podido estar
en el rincón más bonito
de la sala de trofeos,
junto a aquel doblete antiguo,
la última liga, las Uefas,
o esa copa de Mourinho